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Todo listo para la temporada de triatlón. Algunas competiciones a nivel local ya están en marcha, mientras el calendario guarda el 15 y 16 de mayo como fecha de inicio de las Series Mundiales en Yokohama, Japón. Todo un guiño al país del sol naciente en año olímpico.

Pero no hace falta irse tan lejos para ver y practicar triatlón. En Rivas-Vaciamadrid, a 15 kilómetros de la capital de España, funciona desde hace 30 años el club de triatlón más importante a nivel nacional. Se trata del CT Diablillos de Rivas.

Fundado en 1991 como una escuela, actualmente cuenta con cerca de 450 inscritos, de los que unos 200 son en categorías de formación, según sus propias cifras, y encabezan el ranking de clubes de la Federación Española de Triatlón (Fetri).

“Si tuviéramos más capacidad en cuanto a estructuras, podríamos seguir creciendo”. Quien nos lo cuenta es Daniel Puerta, director técnico de Diablillos de Rivas y uno de los conocedores del devenir del club casi desde su fundación: “Llegué a vivir a Rivas en el 92 y he mamado la filosofía del club”.

Una filosofía que se resume en una escala de valores como “la cohesión y la unión de la filosofía de grupo, de amistad, de la familia. El arraigo que hemos tenido a través de las familias es una parte importante de la vida del club. Los hijos de los que formamos la primera generación van entrando ahora”.

Se puede decir, por tanto, que Diablillos es un club familiar, una afición que se transmite de padres a hijos. El ejemplo nos lo da Paula García Godino, triatleta federada y madre de dos hijas: “La mayor, de cuatro años, ha empezado la semana pasada a montar en bici y ha hecho un día de carrera a pie y estamos esperando a ver si se mete en la piscina”.

Pero García Godino tiene claro que lo importante es “que disfrute” y en ningún caso forzarla. El suyo es un ejemplo de dedicación al triatlón, ya que compagina la competición con su servicio como policía nacional. Y, además, ha dado a luz a su segunda hija hace meses.

“Gracias a la Agrupación Deportiva de la Policía Nacional en los periodos de competición nos liberan del servicio. Pero en el día a día tienes que hacer un ‘tetris’. Si se quiere estar en lo más alto a nivel nacional, estamos hablando de meter mínimo dos o tres sesiones diarias y no descuidar ninguna de las tres disciplinas, así como sesiones de gimnasio. Más o menos ronda las 20 horas semanales“.

García Godino sabe de lo que habla, no en vano ha sido campeona de España de triatlón, acuatlón y duatlón, además de campeona del mundo de paratriatlón como guía de Susana Rodríguez. 

Otro que sabe lo que es ganar con la camiseta de Diablillos es Jorge Figueras, campeón de Madrid de duatlón y segundo de España a sus 17 años, y “con muchas ganas de empezar el triatlón porque es lo que más entrenamos y nadamos un montón”. Figueras puede dar fe de ese deseo de pasarlo bien que tiene Paula García para su hija mayor.

“Cuando empecé con once años no entrenábamos como tal, sino que quedábamos para hacer juegos. En categorías más mayores sí que haces un entrenamiento más intenso para poder competir, pero se compite no por resultados sino para pasártelo bien“, nos resume Figueras.

El compañreismo, la humildad, la solidaridad y el respeto son los valores fundamentales que transmite el club

Y es Figueras el que nos da una pista de la filosofía del club: “Hay un lema muy famoso en el club que dice ‘si eres diablillo, compartes el bocadillo. Nos intentamos ayudar todos, hay mucho compañerismo, hay mucha familia y cada año viene gente nueva. Todo el mundo coincide en que desde fuera se creen que es un club de élite, pero por dentro somos como una familia y estamos súper unidos“.

“Compañerismo, humildad, solidaridad”

Le secunda Paula García al asegurar que el club “es mi segunda familia. Los valores que transmitimos los propios deportistas que ya somos veteranos e incluso los entrenadores del club son muy importantes y desde bien pequeños se están inculcando. El compañerismo, la humildad, la solidaridad y el respeto son los valores fundamentales que transmite el club”.

Esa interacción entre veteranos y alumnos de la escuela no es algo casual, sino que se trabaja desde la estructuras del club. Así lo atestigua Daniel Puerta: “Si ese núcleo está bien cohesionado, hace que gente que venga de fuera se pueda convertir en un campeón o campeona y no perder su esencia. La gente que viene de abajo se fija en la gente que tiene arriba, y la gente de arriba necesita a la gente de abajo, y la masa social para la motivación de venir a entrenar todos los días”.

Una cohesión que les ha venido bien durante los meses más duros de la pandemia de COVID-19. Tal como nos cuenta Puerta, “nos ha servido para reinventarnos. Hay cosas positivas que se terminan quedando como la comunicación con ciertos deportistas que no ves a diario y puedes ver gestos técnicos con ellos. Hemos tratado de hacer sobre todo que la motivación de los deportistas no se viniera abajo“.

Puerta es uno de los ‘culpables’ de los entrenamientos grupales por videollamada durante el confinamiento domiciliario. “El grupo organizó una manera de entrenar que usábamos el rodillo para la bici y gomas para nadar. Hacíamos el gesto de natación para coger fuerza y gimnasio. Todos los días organizábamos una llamada y entrenábamos el mayor número posible todos juntos”, añade Figueras.

Somos un grupo de amigos, una familia, y no concebimos una vida sin Diablillos

Pero al final el triatlón es un deporte que pide aire libre y agua, lo que más echaron de menos los triatletas a pesar de poder entrenar en sus casas. “Es verdad que lo que más se notó fue esa sensación de coger y arrastrar agua. Cuando nos lanzamos a la piscina fue muy particular porque pareció que no habías nadado nunca”, cuenta García Godino.

Ella es un ejemplo de aprovechamiento del tiempo durante la pandemia. Al margen de su carrera deportiva y como policía, es además dietista y aprovechó el confinamiento para crear un canal de Youtube de entrenamiento personal: “Creé mi propia página para ayudar a otras personas a entrenar conmigo y echar una mano a todo aquel que quisiera pasar el rato haciendo deporte. Tengo una buhardilla llena de bicicletas, de pesas, una cinta de correr, tengo una elíptica… lo llevamos bastante bien, me puse muy en forma”.

Paula nos cuenta, además, cómo en alguna de esas sesiones se ‘coló’ su hija mayor y proporcionó alguna anécdota divertida. Su pareja también es un ‘diablillo’ y confían en transmitir ese legado a sus hijas. La mayor ya ha empezado, como hemos visto. “Nos acogieron hace ocho años y estamos totalmente integrados. Somos un grupo de amigos, una familia, y no concebimos una vida sin Diablillos“.



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