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Santa Cruz de Tenerife, 20 oct (EFE).- Un agente de Policía Nacional ha declarado este martes que el acusado de asesinar a puñaladas el 5 de julio de 2018 a un hombre en La Laguna (Tenerife) cortó el cableado de un cajetín de luz del restaurante situado frente a la casa abandonada en la que dejó el cuerpo para no ser visto, porque sabía que le iba a llevar un tiempo el proceso.

Durante la segunda y última jornada del juicio oral celebrado en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, los agentes han añadido que el encausado, José Antonio P.H., cortó también esa noche un cableado de un cajetín de telefonía por error, dos hechos que, además, no mencionó en su declaración de ayer.



La Fiscalía ha reducido su petición de pena de 13 a 10 años porque José Antonio P.H. ha reconocido los hechos desde el comienzo del procedimiento, una petición sobre la que se ha mostrado conforme el letrado defensor.

Distintas inspecciones policiales hallaron restos de sangre en ambos cajetines, así como a lo largo del trayecto desde la entrada de la finca hasta el interior de la casa abandonada, que abarcaba entre 10 y 20 metros, y otros 20 metros más en el interior de la casa.

Un trayecto relativamente corto pero interrumpido, eso sí, por un muro derruido. El cuerpo de Marcos Manuel “Lolo” G.S. fue encontrado bajo un árbol, cubierto parcialmente por hojas y vegetación del entorno, y atado a la cincha que empleó José Antonio para arrastrarlo.

Los forenses han declarado que “Lolo” murió desangrado por las secciones de la vena yugular y la arteria carótida que provocó una herida inciso–penetrante especialmente grave en el lado izquierdo del cuello.

La víctima presentaba 9 heridas en el cuello, sobre todo en el lado izquierdo, unas más amplias y otras de menor tamaño, así como en ambas manos, incluidas las palmas, lesiones que les lleva a pensar que el hombre trató de defenderse del ataque.

Marcos Manuel tenía 55 años y en el momento en que fue asesinado estaba “muy borracho”, según los forenses, dado que presentaba 2,8 gramos por litro de sangre, una tasa de alcohol que es posible que aumentase un poco por los efectos del organismo tras su fallecimiento.



Su cuerpo fue encontrado el 8 de julio, dos días después de su asesinato la madrugada del 6, y tres días antes de la detención del autor confeso de los hechos. La familia del asesinado había denunciado su desaparición.

José Antonio P.H. presentó ese día a los dos agentes que acudieron a su domicilio un parte médico que certificaba una supuesta caída para justificar esas marcas en las manos, pero eran marcas muy características de cortes cuchillos, nadie le había ningún justificante y la fecha del documento no coincidía con la que declaró entonces el ahora encausado.

Uno de los agentes ha otorgado importancia a los testimonios de los vecinos porque esa zona de La Laguna está geográficamente muy acotada y todos los ciudadanos se conocen. “Nos dijeron que le preguntáramos a Antonio ‘El Chapas’ porque lo habían visto con la víctima esa noche”, ha recordado un policía nacional.

El agente que lo custodió durante la inspección del domicilio del encausado ha declarado que acudieron al mismo porque unos vecinos ya les habían comentado que habían visto la noche de los hechos a ambos protagonistas juntos, tomando unas copas.

“(José Antonio) Estaba muy nervioso. Cambió muchas veces de versión: primero, que sí había estado con él; luego, que no. Me dijo que había bebido y que tenía lagunas de memoria. Le vimos cortes o golpes en las manos, y nos respondió sobre ellas que se había caído. Pero no eran marcas de una simple caída”, ha recordado el agente.



Después encontraron la furgoneta blanca de José Antonio P.H. que otro testigo de la zona había visto en torno a las 23:30 del 5 de julio o medianoche del día de los hechos. Ese vecino había comunicado a los policías que la había visto a la entrada de la finca.

La furgoneta en el domicilio del encausado presentaba efectivamente marcas de sangre en la parte trasera.

Los testimonios de los vecinos, la descripción de la furgoneta vista por un testigo la noche de los hechos, los restos de sangre en ella, las marcas en las manos de José Antonio y su nerviosismo manifiesto alertaron a los agentes. José Antonio terminó confesando los hechos.

“Me dijo que perdió los papeles durante una discusión, y que cuando vino a darse cuenta, ya lo había matado”, ha asegurado uno de los agentes policiales.

Esa noche ató una cincha tanto alrededor de su cadera como al abdomen de su amigo muerto, y fue tirando poco a poco con dificultad, dada la dificultad para caminar que padece José Antonio desde el 2013, según relató ayer durante la apertura del juicio oral y se ha demostrado hoy.

José Antonio P.H. ha ejercido su derecho a la última palabra: “Mi más sincero perdón a la familia del fallecido y a la mía propia por los daños causados. Las familias son quienes se llevan la peor parte en estas cosas, tanto la del fallecido como de la mía”, ha lamentado.



El juicio queda así visto para sentencia. EFE

rrc/rdg





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